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El hombre detrás del barco


El hombre detras del barcoEntrevista a Toribio De Achaval, propietario del matrero

Dice el saber popular que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Y detrás de un gran barco, hay un gran hombre –o mujer– que le da vida y sentido a cada una de las millas que recorre. Así lo demuestra el Matrero, esta gran embarcación diseñada por Germán Frers en 1971 que ocupó un destacado lugar en la náutica argentina de la mano de Toribio de Achával. Bab estuvo con él para repasar algunos recuerdos de su vida juntos.

Al llegar a las oficinas de la firma Achával Propiedades en la avenida Callao, una réplica del Matrero, impecablemente realizada por ADM, nos da la bienvenida y nos recuerda por qué vinimos a este personaje cuyo reconocimiento está íntimamente ligado a este barco en el que navegaron cuatro generaciones de argentinos. Toribio de Achával nació en Orense, provincia de Buenos Aires y su vida está unida a la navegación desde siempre, ya que navegaba con su padre –el médico rural de la zona– y toda su familia en Quequén, a bordo del velero Martín Fierro. Puesto a recordar, Achával asegura “floté desde que nací”, aunque reconoce que su verdadera carrera deportiva comenzó en el
año 1977 cuando adquirió el Matrero, el velero de 15 metros del que, desde entonces, ha sido capitán y skipper de esta significativa embarcación de 15 metros de eslora
en la han navegado sus hijos y cuatro generaciones de argentinos que formaron parte de su tripulación.

Bab–¿Que significa la náutica para Toribio de Achával?El hombre detras del barco

T. de A. –Es muy importante en mi vida. Navego desde que tengo uso de razón, al principio con mi padre, y a partir de los 43 años, cuando compré el Matrero, corriendo

regatas. Antes era crucerista, no entendía a la gente que corría regatas, pero desde el año ’77 hasta ahora he corrido todas la regatas del calendario del Yacht Club Argentino, de otros clubes, y hasta he competido en Europa. El barco realmente no paró nunca y no para, estamos siempre en regata.

Bab –¿Cómo fueron esos comienzos a bordo de un barco?

T. de A. –Mi padre era médico en Orense, a 120 km de Necochea, y tenía un barco en el puerto de Quequén que se llamaba Martin Fierro, un doble proa también diseñado
por Germán Frers. Así que, desde muy pequeño, todos los fines de semana navegábamos en familia y los veranos siempre los pasábamos a bordo. 

Bab –¿Nunca incursionó en los monotipos?

T. de A. –No. Mis hijos probaron con Optimist y otras clases pero yo no. Cuando empecé a correr regatas tenía 43 años y ya era grande para andar en esos barcos chicos. Además no me gustaba. A mí me gusta tener un barco que la gente pueda conocer, formar una familia a bordo, tener un buen equipo.

Bab –¿El Matrero fue el primer barco propio?

T. de A. –No, primero tuve el Alizal, otro diseño de Frers. Antes había tenido un doble proa que se llamaba Lucy. Hasta que un día mi hermano Martín empezó a decirme que tenía que dejar el Alizal y comprar un barco de regatas, porque él corría y quería entusiasmarme. Un amigo, dueño del Recluta también me insistía: “Comprate un barco de regatas, comprate un barco de regatas”. Yo estaba convencido de que correr regatas no me gustaba y me resitía a vender el Alizal. Hasta que apareció un amigo, Alberto Fite, quien quería comprar un barco. Yo sabía que el Matrero estaba en venta en Europa. Entonces, hice una fiesta con muchísimo navegantes e invité al propietario para que se concretara la venta del barco. Y efectivamente así resultó: de esa fiesta salió la venta del barco. La condición era que yo, que había sido el intermediario –sin cobrar absolutamente nada– fuera también a buscar el barco a Saint Tropez. Al año de haberlo comprado, Fite no quizo tenerlo más y me lo ofreció. Yo nunca había pensado comprar el Matrero porque el Alizal cubría todas mis expectativas. No obstante, terminé comprándolo. Lo fui pagando de a poco e inmediatamente empezamos a correr.

Bab – ¿E inmediatamente comenzaron a cosechar logros?El hombre detras del barco

T. de A. – No. Al principio era un desastre. Es un barco muy difícil de navegar y de correr. Tiene maniobras muy complejas y pesadas. Tuvimos que ir aprendiendo poco a poco. Pero siempre perdíamos y los tripulantes decían: “El problema es que tenemos mucho rating, por eso no ganamos regatas”. Entonces fui a ver a Germán Frers padre, y le dije: “Quiero que me hagas un estudio del rating, porque estamos perdiendo por dos minutos; estamos ahí nomás”. Y Frers me dijo: “Mirá ‘Tobín’, para ganar regatas hay que olvidarse del rating. Hay que preocuparse por tener un buen fondo, buenas velas, una maniobra ágil, un buen timonel, un buen táctico, conocer el recorrido, saber leer el viento. Vas a ver que cuando tengas todo eso, poco a poco irán ganando regatas. Preparalo para correr”. Y así resultó. Dejamos de preocuparnos por el rating, preparamos el barco y empezamos a ganar regatas.

Bab –Y con tantas regatas ganadas terminaron compitiendo en Inglaterra…

T. de A. –Sí, nos postulamos y en 1979 el Matrero fue elegido barco de reserva para participar en la Admiral’s Cup. Una parte del campeonato consistía en la Fastnet Race, que terminó convirtiéndose en la trágica Fastnet, donde el Matrero participó entre 311 embarcaciones. El barco ya había estado en tres ediciones de la Admiral’s Cup como titular, y esta era la cuarta, como reserva, pero nosotros nunca.

Bab –¿Cómo recuerda esa regata en la que se hundieron 7 barcos y hubo 19 desaparecidos? ¿Cómo logró el Matrero sobrevivir al temporal y llegar al puerto de Plymouth?

T. de A. –Lo que recuerdo de esa regata es que hacía mucho frío; el agua estaba helada. Cuando escuchamos el pronóstico en el VHF, que decía “Fuerza 10”, nos preocupamos y hasta nos asustamos un poco. Pero el Matrero tuvo gobierno siempre; en ningún momento le pasó nada grave. Íbamos sin velas, a palo seco, a unos 8 nudos, barrenando las olas que tenían 15 metros de altura. Por ahí nos encontrábamos con un barco, lo veíamos y pasaban unos cuantos minutos hasta que lovolvíamos a ver. El Matrero, que es muy seguro, se agranda en estas condiciones; los que nos achicamos fuimos los tripulantes con las rachas de 60 nudos. No obstante la tripulación se comportó excelente, aún con miedo, que era normal tenerlo. Algunos rezaban, y yo creo que, como asegura el dicho español “el que nunca ha rezado es que poco ha navegado”. La pasamos muy mal pero no hubo pánico. Se rompieron cosas como la botavara y la escota de la trinquetilla, pero todo lo fuimos solucionando de a poco. Y pudimos llegar al puerto con el barco entero y la tripulación completa. El arribo fue dramático; las mujeres preguntaban por los tripulantes y hubo barcos que nunca llegaron. En lugar de fiesta hubo una misa.

El hombre detras del barcoBab –Han pasado muchas personas por el Matrero, por lo que podría considerarse un barco escuela para numerosos tripulantes que hicieron sus primeras armas en el barco.

T. de A. –Es cierto, muchos jóvenes empezaron a navegar a los 18, 19 años y hoy ya tienen 50. Nunca hice la cuenta pero creo, sin exagerar, que pasaron por el Matrero alrededor de 500 personas en los distintos años, en las distintas tripulaciones, en las regatas, en las travesías de crucero, en las invitaciones para salidas cortas. Mucha gente me pide venir a dar una vuelta en el Matrero. Asi que a veces reúno a esa gente y salgo desde Dársena Norte a pasear. También estando en puerto hay quienes se acercan para visitar el barco. Es uno de los barcos que más historia tiene, después del Fortuna, y que durante más tiempo se ha mantenido participando en regatas y con el mismo dueño. Desde el año ‘77 a la fecha yo he sido el propietario y he sido el que ha corrido todas las regatas. La gente queda sorprendida al verlo navegar. Es un barco que impresiona.

Bab –Usted no solamente participó de muchas regatas internacionales sino que también se ocupó de organizarlas, como la Regata Colón, en 1982 y 1983. ¿Cómo fue que logró concretarla y por qué dejó de hacerse?

T. de A. – 76 Ella se encargaría de la parte cultural –habría muestras de modelos de barcos en la embajada– y yo de la deportiva. Me pareció muy buena la idea y busqué a Fernando Murillo para que se ocupara de organizar y a Juan García para que nos ayudara. Lo primero que hice fue invitar al Yacht Club Argentino y al Club Náutico San Isidro para contar con su apoyo. Después conseguí que la Federación Argentina de Yachting me diera una fecha en el calendario de regatas y fui haciendo contacto con las comisiones de los clubes contándoles cómo teníamos pensado realizar el evento. Decidimos hacer publicidad en algunos diarios y revistas anunciando la regata a Colonia y empezó a sumarse gente interesada. De pronto me di cuenta de que participarían alrededor de 500 barcos y me pareció una barbaridad. No teníamos capacidad. Sentí que se me iría de las manos. Había tantos detalles que considerar. Cuando me quise acordar estaba metido en un brete pero no podía dar marcha atrás. Ya habíamos lanzado la fecha de la regata.

Bab –Todos los que participaron la recuerdan como una gran fiesta…

El hombre detras del barcoT. de A. –Más que una regata le dimos un carácter de encuentro familiar. Podían participar familias con niños, grupos de amigos, inclusive gente que no acostumbraba correr regatas. Conseguimos dos grandes patrocinadores, Cencosud y Peugeot, porque los gastos eran muchos, y otros sponsors más pequeños que nos dieron su apoyo. Llegamos a reunir 250 mil dólares. Teníamos plata para hacer premios, para el asado para 3.500 personas sentadas. La Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires nos prestó una sala muy importante para la reunión de timoneles, donde entregamos las remeras y las instrucciones de regata. Invitamos a los clubes de Córdoba, a los de Rosario y a otros del interior. Organizamos tres largadas, una desde La Plata, una desde Dársena Norte y otra desde Nuñez, a distintas horas para procurar que llegaran todos juntos. Participaron bandas de música de la Armada Argentina, la gente de ADES, ontratado a la gente de Ades que fueron con todos susbuques, la avenida Flores se hizo peatonal, reservamos los restaurantes y los hoteles para la gente de la regata, llevamos periodistas en Buquebus e invitados especiales, hicimos un espectáculo de doma, invitamos a Los Pericos a cantar, organizamos la elección de la Reina de Colonia. Un éxito. Todo salió perfecto.

Bab –Se repitió en 1983 pero luego no volvió a hacerse, ¿por qué?

T. de A. –Se realizaron dos ediciones pero después ya no quise hacerlo. En dos oportunidad había tenido suerte, todo había salido bien pero igualmente hubo problemas. Una persona cayó al agua con un golpe en de la botavara en la cabeza y tuvo que intervenir la Prefectura. Ya no quise tentar al destino. Yo ya cumplí, y me siento muy reconfortado con lo que hice pero ya no quiero saber nada con la organización. Actualmente el cónsul en Colonia me dijo que está organizando la Regata del Bicentenario, con el Club Náutico Bouchardo y el Club Universitario de Buenos Aires para el 18 de septiembre la regata del bicentenario. Me pidió que le de de una mano de alguna manera para tratar de hacer una regata a la barra de San Juan. Para eso están haciendo los contactos necesarios para que Uruguay permita en algún momento que otra vez se abra la barra de San Juan y los argentinos podamos volver a un lugar tan estimado por nosotros. Así que
en algo voy a colaborar con lo que me han pedido.

Bab –Usted es un enamorado del Uruguay…El hombre detras del barco

T. de A. –Sí. Desde que mis hijos eran chicos veraneábamos en velero en Uruguay. Íbamos todos los años y pasábamos un poco más de un mes en Rosario, en Riachuelo, en la barra de San Juan y en Colonia. Hoy me siento rioplatense. Colonia se ha vuelto un boom así que estamos muy contentos. Voy en barco o en Buquebús, navego, pesco y disfruto, sobre todo ahora que mis nietos están más grandes.

Bab –¿Siempre la actividad familiar estuvo ligada a la navegación?

T. de A. –Siempre. Cuando mis hijos crecieron ya no vinieron tanto a navegar. Ahora Facundo, que corre desde que tenía 6 años, vino a Ilhabella después de 10 años a correr una regata conmigo. La navegación nos ha unido mucho como familia y tener los chicos en el barco y aprendiendo a navegar, es muy bueno a pesar de que ahora ya no tengan el mismo entusiasmo. Quizá algún día vuelvan.

Bab –No hay muchas entrevistas suyas, parece cultivar el perfil bajo, tanto en referencia a la náutica como fuera de ella, ¿es una elección?

T. de A. –Nunca me he negado a hacer entrevistas pero no soy una persona que esté pensando en las notas en los medios para sacar un provecho publicitario en la náutica, soy mi propio sponsor, a veces corro como Toribio Achával Propiedades, pero me gustan las regatas y por eso participo. El Matrero tiene reconocimiento por lo que significa, por sus logros, pero no porque yo haya buscado difusión.

Bab –Así como alcanzó un destacado lugar en el mundo de los barcos, lo hizo también en el de los negocios inmobiliarios, ¿se vinculan de alguna manera ambas actividades? ¿Benefició su pasión por la náutica su desarrollo profesional?

T. de A. –Sí, me ayudó muchísimo. Todos los contactos que yo hice en el mundo de la náutica muchas veces se tradujeron en negocios inmobiliarios. Mucha gente me conoce por mi actividad en el agua y cuando hago publicidad de Toribio Achával Propiedades en las revistas náuticas se enteran de que mi negocio es inmobiliario y me vienen a ver para comprar o vender una propiedad. Soy mi propio sponsor y eso me ha ayudado muchísimo. Comencé en esta actividad con un socio, cuando éramos muy jóvenes en el año ’55 y ya tengo 55 de vida inmobiliaria. Hoy la empresa la manejan mis hijos y yo estoy trabajando a media máquina. Ya hice lo que tenía que hacer y no hay mejor cosa que dejar a los hijos solos. La empresa creció mucho y pudo sostenerse a través del tiempo.

Bab –Dicen los que lo conocen que hace algunos años en una Regata Buquebus usted aseguró que esa era su última regata…

T. de A. – Es cierto. Yo corrí una regata en la que manifesté que no corría más. Porque creía que había llegado el momento de retirarme, andaba con algún problema del corazón y ya no quería seguir compitiendo. Pero en esa regata tuvimos un encuentro muy complicado con otro barco, el Juan Ignacio, un abordaje en el cual, yendo a 9 nudos con spinnaker, nos metimos unos dos metros dentro del barco y casi lo hundimos. Cuando lo puse en venta vino un comprador y me hizo una oferta muy baja por el daño que había sufrido. Entonces creí que era el momento de devolverle al Matrero su nombre. No quería que alrededor de él quedara la imagen del choque violento y los daños aún cuando habíamos ganado la protesta. El seguro tardó seis años en pagarnos pero arreglé el barco y me decidí de nuevo a correr regatas, para devolverle el honor al Matrero y para que, el día que lo quiera vender no me vengan con una oferta ridícula. Una cosa trajo la otra y el entusiasmo de los tripulantes me llevó a seguir corriendo. Así que seguimos corriendo.

Bab –¿Piensa que en algún momento lo venderá?

T. de A. –Sí, creo que lo voy a tener que vender. Mis hijos me dicen que no lo tengo que vender. Yo dejo que la vida siga pasando y ya veré qué determinación tomo. Pero el barco está muy bien, está como nunca. Ahora vamos a correr el 21 de agosto la Copa Dársena Norte del Campeonato Rio de la Plata del YCA, después correremos la Buquebus, después la Rolex. Al menos una regata por mes.

Bab –¿Qué gratificaciones le dio la náutica y que cosas cree que tuvo que resignar para dedicarse a esta actividad?

T. de A. –Afortunadamente no tuve que resignar nada. Seguí trabajando, viviendo en familia, criando a mis hijos y me mujer siempre me acompañó en esto. Cuando teníamos los dos barcos, el Matrero y el Matrero II, mi mujer corría el uno y yo corría el dos. Es más no me dejaba vender el barco porque decía que lo quería correr ella. No he dejado nada por la náutica, al contrario, tuve la suerte de poder aprovechar oportunidades como la de navegar durante 13 meses. Tal vez tendría que haber corrido más pero me siento satisfecho. El Matrero es conocido donde quiera que vaya, ya sea en Europa como en Brasil. Después de 40 años andando por los mares del mundo, no siento más que gratitud y satisfacción.El hombre detras del barco

Bab –¿Cómo vivió el gran triunfo de la última edición de la Semana de Ilhabella?

T. de A. –Fue fantástica. Nos fue muy bien. Recorrimos las mil millas que nos separan de Buenos Aires, con un poco de calma, y mucho entusiasmo para correr la regata. Esta edición, la octava en la que participó el Matrero, fue la más competitiva. En la última regata, que tuvimos la suerte de ganar, se definió el campeonato. Teníamos el mismo puntaje que nuestro competidor pero por mejores puestos nos llevamos el triunfo. Hubo buen viento, lo que necesita el Matrero para moverse, y se desarrolló un muy lindo campeonato, con buenos barcos. La Semana de Ilhabella es una competencia que los brasileños han sabido hacer muy bien. ¡Todos me dicen que puedo poner un negocio de relojes con todos los ganados en los campeonatos Rolex.